10 de julio de 2012

El sabor de la ausencia endulza las llagas de mi boca.




Me gusta tu ausencia en mí

Me gusta que no estés y no incumplir mi promesa.
Me gusta que no estés aquí y me gusta no mirarte a los ojos
y saber de tu mirada.
Me gusta que no estés y no acariciar tu piel
ni saber de su textura, ni besar tus labios
y no admirar tu caminar airoso, ni adivinar el olor de tus aromas
y no oír la música de tu respirar.
Me gusta que no estés aquí,
tu cuerpo una quimera en tu pecho,
y tu piel, sólo piel sobre tus huesos
y tus ojos, lejanía y tus labios, una suplica.
Y llegó el cielo plomizo tras el cristal de la ventana
cerrando todo lo nuestro y mostrándonos
el presagio de tus cenizas.
Y entrelacé mi mano en la tuya y tu sonrisa se forjó en mí
y así llegó la despedida templada, tranquila y pausada.
Me gusta mi soledad de ti
Y me gusta que no estés aquí
por esa ausencia que vertiste en mí.