
No hay duda en mi fe
por vos.
Tras el salmo de sus palabras,
yo confieso mi culpa,
y en penitencia entre su cuerpo,
me condono de ella.
Cuando usted y yo
perecemos entre sabanas,
nuestros cuerpos renacen entre
rezos de gemidos y
caricias de alabanzas.
Milagro, soy feligresa en su camino.
Cuando sus piernas
se trenzan con las mías,
nuestra piel es púlpito en pecado.
Y ése sudor cálido que alberga nuestra piel
se llena el cáliz de nuestros anhelos.
Cuando sus manos ansían las mías
nuestros cuerpos yacen en crucifijo...
para el tercer día
resucitar,
siendo reencarnación entre sabanas.
Yo exvoto ante usted,
y me confieso en su templo.
por vos.
Tras el salmo de sus palabras,
yo confieso mi culpa,
y en penitencia entre su cuerpo,
me condono de ella.
Cuando usted y yo
perecemos entre sabanas,
nuestros cuerpos renacen entre
rezos de gemidos y
caricias de alabanzas.
Milagro, soy feligresa en su camino.
Cuando sus piernas
se trenzan con las mías,
nuestra piel es púlpito en pecado.
Y ése sudor cálido que alberga nuestra piel
se llena el cáliz de nuestros anhelos.
Cuando sus manos ansían las mías
nuestros cuerpos yacen en crucifijo...
para el tercer día
resucitar,
siendo reencarnación entre sabanas.
Yo exvoto ante usted,
y me confieso en su templo.