25 de septiembre de 2011

El Unicornio Tunelador

Se escondía
en el fondo de ella
le gustaba su luz tenue,
la negrura que la rodeaba
y que de vez en cuando
cruzaba su cuerpo como una flecha.

Saboreaba la humedad
que permanecía allí, silenciosa
y el aroma de tierra y roca,
sentía sus esencias
navegar por su piel y amarrarse a ella.

La entrada era pequeña, diminuta
tan sólo sus amigos de la infancia
los gnomos, las hadas, los duendes, los elfos…
podían entrar por ella
Sin cerradura visible
Sin picaporte
Ella, no esperaba la llegada de nadie.

Pero él, sabía de ella
La observó durante mucho tiempo
Aprendió de ella, para llegar a ella
Descubrió el camino a ella
A su escondite, a esa cueva pequeña y diminuta.
Sin cerradura visible, sin picaporte.
*

3 comentarios:

Maria Coca dijo...

Cuánta dulzura. Un poema muy tierno, infantil y mágico.

Besosss

Tesa Medina dijo...

Me suenan esos escondites de entradas diminutas donde se esconde la esencia de lo que somos, lo que pensamos, lo que sentimos.

La habitan unicornios tuneladores, gnomos, duendes o niñas tristes de pies grandes.

¿En qué se concentra esa mujer aparentemente dormida?

Muchos besos, poeta.

Anabel dijo...

Pues a mí me parece que debajo de tanta dulzura hay un tremendo deseo escondido que solo el Unicornio Tunelador podrá subsanar.

Yo quiero uno de esos.

Besos,

Anabel